
Esto que voy a explicar no es más que una anécdota, pero quería compartirla. Elotro día un amigo me pasa información sobre un evento que no me podía perder. En cuanto lo vi corrí a apuntarte. Sencillo pensé. Nombre, apellido, e-mail, y en treinta segundos me confiman la inscripción.
Pues no. Para registrarme, tenía que responder a un cuestionario con algunas preguntas personales. Al compararlo con mi amigo, nos dimos cuenta de que el cuestionario cambiaba en función de las respuestas que dieras. Hmmm… que listos. Empezamos a sospechar, y efectivamente: las preguntas iban encaminadas a establecer si eramos un público interesante para ellos o no. Y en función de eso, nos darían o no una invitación.
Si queríamos una invitación no teníamos otra que visitar la web, toquetearlo todo, que vieran que nos interesa un montón, que somos fans, que somos “su” público. Ellos monitorearían la actividad de nuestra cuenta, seguro. Y la verdad es que después de trastear un par de minutos, descubrí contenidos realmente interesantes. Parece ser que el interés mostrado a base de clics tuvo resultado, porque finalmente recibimos el esperado e-mail con la invitación.
Lo consiguieron, definitivamente. Lograron que se pasara de tener esa actitud de amo y señor, de navegador infiel que va de un lugar a otro sin casarse con ninguna marca, a hacerme fan, a buscarles a ellos. Caí de cuatro patas.
De esto sólo puedo sacar una conclusión: pon caramelitos en los lugares adecuados de la red. Da pistas, y mantén siempre el volumen bajito. En definitiva, no te obsesiones con llegar a la gente, haz que la gente te busque a ti.