Fuerzas de ventas a fuerza de forzar

El otro día, en uno de los tours de compras navideñas tan típicas por estas fechas (que por suerte, ya nos hemos ventilado), pasé un momento por un PC City. No diré cual. Si este post fuera directamente dirigido a ellos hubiera dejado algún mensaje en el buzón de Sugerencias y tan ancho. 

Pues bien, entro (puertas automáticas abriéndose suavamente) y me viene un chaval, más o menos de mi edad, quizás un año más, y me dice “Bien venido, ¿Necesitas algo? ¿Ya has visto a los reyes? ¿Has cogido caramelos?”. Creo que es el peor saludo que me han hecho nunca en una tienda. Hago un gesto de “¿Qué coño le pasa a tu compañero?” a otro chaval de la tienda que pasa por mi lado. El pobre estaría harto ya de saludar a todos y cada uno de los clientes. Suerte que la tomó con el más manso.

Pero no me iban a dejar descansar. Tres pasos después me preguntan lo mismo “Hola, bienvenido ¿Necesitas algo?” Le respondo que no y el pobre chico medio sonríe, porque el se siente tan ridículo como yo. 

Empiezo a sentirme muy incómodo. Estoy buscando algo, pero mi ruta ya no se encamina hacia ello, sino a evitar a los vendedores. Aterrado, trataba no entablar contacto visual con ninguno. Horrible, de verdad. Si llegan a increparme de nuevo les hubiera soltado “Mira, solo llevo 10€ en efectivo ¿¡vale!? No me hagas nada” y me hubiera marchado corriendo. 

 

¡Llévatelo! ¡Porfaa!

Los pobres chicos no tienen culpa. Y menos con la mierda de sueldo que les pagan. Yo hasta hace no mucho también fui un maldito avatar corporativo vestido de amarillo. La gerencia de estos establecimientos, que aún deben ser de la época en que podías ir subiendo escalones siendo un poco listo, repiten siempre el mismo error. Obligan a sus desmotivados empleados a vestir con la camisa por dentro, a sonreir y ayudarte en todo lo que necesites, a ser amable, a hacer que te sientas bien. Los convierten en unos capullos integrales, en maniquíes interactivos. 

Por desgracia para los curritos de las grandes superficies, estamos en la dictadura de la estilización corporativa. Todo, absolutamente todo, desde los rótulos hasta las fórmulas de cortesía de los vendedores es controlada por directores adictos a los valores corporativos de la empresa. Llega a resultar patético. Los consumidores lo saben, los trabajadores lo saben, y los gerentes lo saben. Al final se llegan a esperpentos como el de la tienda de PC City. 

Y para dar una nota de color positiva, me gustaría dar un buen ejemplo de valores corporativos bien aplicados en una gran superficie, al menos desde mi punto de vista de ignorante consumidor: FNAC. Allí los trabajadores parecen personas. En primer lugar porque no llevan un uniforme ridículo, sino una prenda identificativa. En segundo lugar, porque según me han comentado trabajadores de la empresa, los valoran por su nivel cultural, y sólo se quedan los que realmente saben qué es lo que están vendiendo. Y eso se nota. 

Espero que aquellos que ahora nos estamos rompiendo los cuernos estudiando en universidades atontadas por la nueva historia de Bolonia podamos cambiar ese modelo de corporativismo Hardcore. Espero que tengamos la oportunidad, a pesar de todo. 

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2 comentarios para “Fuerzas de ventas a fuerza de forzar”

  1. Publicidad Japón Dice:

    En Japón se lleva este tipo de corporativismo hasta extremos insospechados. Incluso modulan su tono de voz para atenderte.

    Aunque hay que destacar una cosa, el servicio sobre pasa las cinco estrellas. Si piensas que te van a dar 2, te dan 10. Este tipo de servicio hace que vuelva y vuelvas al mismo sitio, lo que me pregunto es a que precio ya que según la tienda los vendedores tienen un estado de ánimo distinto. Próximamente más ^^

  2. Ser.romero Dice:

    PublicidadJapón, introduces un tema interesante. Sí, en Japón esa cultura corporativa es más extrema. El servicio es de cinco estrellas. Bien, porque allí es algo arraigado en lo más profundo de su cultura (Y a qué precio).
    En cambio aquí la cultura de la unidad corporativa es algo implantado con escasa formación y pocas motivaciones a nivel salarial y de seguridad laboral. Por ello creo que en lugar de introducir con calzador un modelo así, deberíamos servirnos de otros rasgos positivos de nuestra cultura.

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